PYRMON viene de PYRineos y MONtseny: las montañas donde aprendimos a pedalear y el lugar donde está el taller. Cuando tocó bautizar las bicis, la decisión se tomó sola: cada modelo llevaría el nombre de una montaña del país. Pero con una condición que nos impusimos nosotros: el nombre no podía ser decorativo. La montaña tenía que mandar sobre la bici.
Canigó: la llama
El Canigó es la montaña símbolo: cada año su llama baja de la cima para encender las hogueras de San Juan de todo el país. Nuestra primera bici tenía que ser una gravel que conectara mundos y deshiciera fronteras, como la llama. Sobre el cuadro lleva grabada una llama dorada, y la presentamos la noche de San Juan. No había otra fecha posible.
Cadí: la pared
La sierra del Cadí es la pared más seria del Prepirineo: un muro de kilómetros que corta el cielo. La escaladora de la casa tenía que llevar su nombre, y bajo el nombre lleva grabada la silueta exacta de la sierra. Cuadro de 830 gramos para plantar cara a la pared que le da nombre.
Carlit: los lagos y el viento
El Carlit es el techo de la Cataluña Norte, tierra de tramontana: allí el viento es el paisaje. La bici que lleva su nombre tenía que ser la aero. Y bajo el nombre hay doce puntos dorados: los doce lagos del circuito que rodea los lagos de las Bulloses, a los pies del pico. La montaña no solo pone el nombre: también lo dibuja.
Los que vendrán
Los siguientes nombres ya están en la lista, y también son montañas: la Pica y los Estats esperan su turno en la gama de montaña. Cuando lleguen, ya sabes qué buscar en el cuadro: la montaña siempre deja su marca.
Si quieres ver los tres grabados de cerca, ven al taller. Las montañas se explican mejor con la bici delante.